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El Estatuto de los Trabajadores reconoce el derecho a elegir representantes en todas aquellas empresas o centros de trabajo que cuenten con una plantilla de más de 5 trabajadores.
Casualmente (¿?) esto no se cumple en Burger King. Ni en el caso de León, ni el de Gijón. En ambos centros hay más de 5 trabajadores, cifra ésta que se supera en más del triple en sendos casos. Aun así en tu copia de contrato la empresa cumplimenta en el apartado de firmas correspondiente a Representante del trabajador “No tiene”.
Sería interesante analizar y descubrir las razones por las cuáles se da este fenómeno, que a todas luces seguro que no es casual.
Como Burger King funciona mayoritariamente a través de franquiciado, la multinacional no se toma como una empresa en su conjunto. Por lo tanto, no hay un comité de empresa, que correspondería por tener 50 o más trabajadores.
En este caso, l@os soci@s de la franquicia de Burger King León, son quienes tienen también el “restaurante” de Xixón. Y está en construcción otro nuevo en León, en el centro de ocio que se abrirá el próximo otoño en Eras de Renueva. Del mismo modo habrá uno más, en breve, en Ourense, y a no tardar mucho otro en Ponferrada. Así, con cuatro o cinco centros es fácil que se llegue a la cincuentena de trabajadores. A buen seguro seguirá sin haber comité de empresa; y ni siquiera delegad@s de personal.
Por supuesto tampoco hay secciones sindicales, ni información ni tablón de anuncios sindical. Él tablón que hay se utiliza para poner la foto de Andy o Lucas en su visita a León para cantar, o para poner la foto del marido de la gerente con ZP.
Este fenómeno no es algo aislado. Ni algo endémico de esta multinacional. Está cada vez más generalizado, más extendido y tiene que ver con la despolitización social, y, en concreto, de la juventud. A esto contribuye no sólo el hecho de la carencia de referentes sindicales y políticos, sino también, entre otra razones más, la correlación dispar de fuerzas capital-trabajo, favorable al primero y la legislación permisiva y patronalista.
Así las cosas, está claro que con la facilidad de despedido, con la eventualidad de los contratos, con los períodos de prueba ... es fácil echar a “quien molesta”. Por eso para Burger King el sindicalismo no es ni una palabra. Y ni siquiera.
La situación llega al extremo de que la mayor parte de trabajadores de B.K. León no había leído el convenio colectivo. No lo conocían siquiera en algunos casos, o, ni siquiera sabían que tenía que haberlo.
Casi un año después de que se abriera el “restaurante” de León, empezó a haber un atisbo de “movimiento”. Algunas personas se reunieron varias veces, fuera de horario de trabajo, fuera también de lugares de trabajo para INTENTAR conseguir el convenio colectivo. Que luego se lo dieron en UGT.
Visualicemos la situación: en el siglo XXI es necesario reunirse “a escondidas” para que un “sindicato” oficial, un “interlocutor social válido”, una burocracia subvencionada por el Estado te ofrezca un convenio en fotocopia. Y eso es necesario hacerlo en la semiclandestinidad, en pasillos, de boca a oído e intentando que no llegue a oídos de la patronal. Que como algún “compañero” ha dicho, se acaba enterando de todo.
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